Camille Hauguel fundó Millesève con un objetivo claro: volver a las raíces. Recuperar los recuerdos de una infancia en Normandía. El viento salado en la cara. Las piedras que pesan en los bolsillos. La hierba aplastada entre los dedos. La tierra húmeda. El heno cortado secándose al sol. Una manzana mordida directamente del árbol. La miel en los labios. Las moras que manchan las manos.
Recuerdos que decidió convertir en perfume.
Los cuatro perfumes de la colección se crearon en París junto a la nariz Marie Schnirer, en su laboratorio independiente MS LAB, y se fabrican en Grasse por Accords et Parfums, con alcohol de trigo orgánico.



