Cuando conocimos Mantle, una marca escandinava de cuidado de la piel, descubrimos también un concepto: piel de primavera, spring face. Qué sencillo y qué potente nos pareció. La primavera es salud, es florecimiento y limpieza y unos cosméticos que nos ayudaran a construir esa piel nos parecieron dignos de ser parte de la familia lacónica.
Para Mantle, ocuparse de la piel no es un tema de vanidad, sino de salud: es el órgano más extenso del cuerpo. Por eso, su propuesta es trabajar a largo plazo y desde el origen de las preocupaciones. Mantle no es superficial. Fundada en 2020 por Stina Lönnkvist y Josefin Landgård, una exesquiadora alpina de élite, han logrado con esta marca un éxito sin precedentes en su país. Ellas, junto a la la química Ulrika Ramberg, han conseguido una marca que logra una piel primaveral en cualquier estación del año.
El origen de sus productos de rostro y cuerpo está en la Naturaleza, el propio nombre procede de Lady’s Mantle, una planta medicinal utilizada durante siglos por mujeres por sus propiedades reparadoras. De la tierra pasan al laboratorio, situado en el norte de Suecia, donde se desarrollan fórmulas pensadas para resistir las condiciones más extremas del clima escandinavo. Mantle buscar la salud de la piel, no la perfección. Pero nada de esto sería interesante (de hecho, sería aburrido) si los productos no lograran pequeños instantes de felicidad mientras los usamos. Y lo logran.








