La piel está llena de terminaciones nerviosas. Y por eso un abrazo, una ducha caliente o una crema que huele bien pueden cambiarte la tarde.
Amoué parte de ahí. La fundó Chloë de Graaf, que venía de dirigir marketing en moda y belleza y que encontró en el yoga, la meditación y el rato de cuidarse una forma de estar mejor. Shanice Zoeteweij, escribía de belleza en ELLE y Cosmopolitan y se reconvirtió en química cosmética, y Olcay Gulsen, empresaria con muchos años levantando marcas de moda y belleza. Juntas fundaron Amoué.
Su idea es tratar el cuerpo con el mismo mimo que el rostro. Texturas que apetece usar, activos que hasta ahora veíamos solo en cosmética facial y neurocosméticos: ingredientes que actúan sobre los receptores sensoriales de la piel, justo donde el cuidado se cruza con el ánimo.
Cada línea gira alrededor de un aroma y lleva su propio neurocosmético:
Santal Skin: sándalo cálido y limpio, con pimienta negra, cardamomo y jengibre. Lleva Neurophroline™.
Amber Affirmation: ámbar luminoso, con naranja, manzana e iris, que se queda en cachemira y almizcle. Lleva Happybelle-PE.
Todo se fabrica en los Países Bajos, es vegano y sus envases tienen un 30% de material reciclado.
Elige sándalo o ámbar. O los dos.



