Planes Laconicum en Copenhague

Copenhague, o Cop, para los locales y asiduos, es relajada y estimulante. Es mucho más que diseño, bicicletas, gentes guapas y Smørrebrød, aunque todo eso nos encanta. Te proponemos algunos planes que saltan de lo tópico a lo último.

 

HAY QUE IR A HAY

Sabemos que es típico pero nunca hay que dejar de hacer lo típico.  A veces, por snobs, nos perdemos lo mejor. Es muy común ir a Hay, pero hay que ir. Esta marca es una delicia. Está en un edificio de Strøget, la calle comercial, y puedes pasar de largo porque está en una primera planta. Sube y piérdete entre muebles, cuadernos, bandejas. No querrás salir. 

 

GUSTO Y REGUSTO NÓRDICO

Si nos dicen que al día siguiente de una cena íbamos a recordar con deleite una sopa de espárragos y una coliflor (ojo, coliflor) no lo hubiéramos creído. Estuvimos cenando en P Eatery, el restaurante del hotel Skt Petri (Preferred Hotels and Resorts) y la cena nos dejó con la boca abierta. El chef Brendon Walker sirve cocina nórdica pura y exquisita. Todos los viajes deben incluir un capricho. Cenar aquí puede ser ese capricho. 

 

LA CALLE QUE TIENES QUE RECORRER

En todas las ciudades hay una calle que concentra el espíritu de eso tangible e intangible llamado “lo nuevo”. En Cop, es Jægersborggade. Está algo alejada del centro, en Nørrebro y el paseo compensa. Además, para llegar se atraviesa el cementerio, que es verde y alegre. En esta calle hay tiendas de caramelos artesanales como Karamellieriet, tiendas de objetos bonitos como My Favourite Things, de diseño eco como Gågrøn, restaurantes como Manfreds o cafés como The Coffee Collective. No te preocupes si no sabes pronunciar el nombre: nosotros tampoco. 

 

UNA NOVELA Y UN VINO, POR FAVOR

Tomar un chili con carne con muchos libros alrededor es un plan imbatible. Puedes hacerlo en esta librería-restaurante del centro de Copenhague. El espacio es espectacular y el ambiente informal, como todo aquí. En Paludan los libros no son una excusa, porque comenzó siendo una librería-editorial universitaria en el barrio judío. Aquí nadie parece tener prisa y eso, en estos tiempos, es la medida de muchas cosas. 

 

ÍNTIMO Y PERSONAL

Un buen hotel con una buena historia. Alexander Kolpin, su dueño, fue el primer bailarín del Royal Danish Ballet. Cuando terminaba sus actuaciones iba a celebrar y relajarse a esta casa, donde estaba el hotel. Un día lo compró y decidió abrir Sanders. Este hotel, cálido y íntimo, ha agitado la escena de la ciudad con su espíritu de casa particular. Del Sanders nos gusta todo: la decoración, la azotea-invernadero, el café del desayuno, los sillones y los cuartos de baño. Es uno de esos hoteles que te da pena dejar. 
 

PAGODAS, NORIAS Y ROMANTICISMO

Volvemos a reivindicar lo típico. Este parque de atracciones abrió en 1843 y parece suspendido en el tiempo y en el espacio, sobre todo de noche, cuando se convierte en, atención tópico, escenario de un cuento. Es un lugar lleno de vida, donde igual escuchas a una Big Band que montas en una montaña rusa de madera de principios del siglo XX. Si no has venido al Tivoli no has estado en Copenhague.

 

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