Cosmética a miles de pies de altura 03/08/2016

Nos gusta volar. Nos gusta viajar. Pero a nuestra piel no tanto. Todos hemos notado esa sensación al bajar del avión de una piel deshidratada y muy propia de un protagonista de un apocalipsis zombie.

¿Por qué sucede esto?


Pongamos que volamos, por ejemplo, a Nueva York. Apetecible. Nosotros felices, pero para nuestra piel es toda una heroicidad. Los cambios de presión atmosférica, unos niveles de humedad ambiental bajo mínimos, y el aire acondicionado, no ayudan. Deshidratación, formación de arrugas y un tono apagado del rostro son el resultado de todos estos factores; incluso pueden hacer acto de presencia los dichosos granitos o el enrojecimiento de la piel. Nuestro cuerpo, en definitiva, se revoluciona. Las más suertudas de las pieles (dentro de lo que cabe) son las grasas pues su capa hidrolipídica es más gruesa. Pero aún así, queridas, hay que cuidarse si queremos lucir bellas en el aterrizaje.


A las tres horas de vuelo, el porcentaje de agua corporal se reduce en un 20%. Y una hora más tarde, sálvese quien pueda. Por lo tanto, para vuelos más allá de Alemania o Italia, tengamos estos datos en cuenta. ¿Te da miedo volar? También influye, así que relájate, baby.

Ahora veamos qué productos lacónicos pueden ayudarnos en nuestro próximo viaje:

Si lees en nuestra web la descripción te darás cuenta de que ayudan a que la piel recupere la hidratación perdida y se espabile. En los viajes tenemos que disfrutar todos: la piel y nosotros. ¿Lo mejor de todo? Que todos estos productos te pueden acompañar el resto del año. La vida diaria también es un viaje.