Defensa (encendida) del aceite de rostro 09/04/2012

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Entran ganas de titular esto  "El aceite es la nueva crema". Muchas ganas. Nos vamos a contener. El título: “Defensa del aceite” no es mucho mejor. De hecho, es peor, porque el aceite no necesita que nadie lo defienda, lo hace solo. Pero, de vez en cuando, nos gusta jugar a las redentoras. Hoy es uno de esos días. 

Hubo un momento en que nosotros también pensábamos que el aceite proporcionaba grasa. Qué tiempo aquellos. Nos negábamos a que una gota rozara nuestra cara. Antes muertas. Pero nuestra rutina de belleza cambió cuando llegó al cuarto de baño una botellita de aceite. Podría ser de argán, rosa, loto, romero, avellana, de cualquier extracto de planta. Ya teníamos para el cuerpo y estábamos de acuerdo que la piel nunca estaba mejor, pero nos costaba usarlo para la cara. Costó porque vivíamos en el cremapolio, palabro que me acabo de inventar. 

Un aceite, un buen aceite de rostro, sirve para todo. Es como el iPhone, o como un libro: inventos inmejorables. Esta nueva raza de sustancias oleoginosas nutren, regeneran, equilibran, protegen y revitalizan. Todo en un golpe de mano o de dedos. Un pequeño milagro. Sirven para todo tipo de piel, hombre y mujer, para mañana y noche, para antes del maquillaje, como complemento o como tratamiento único. Y, repetimos: sin dar una gota de grasa, ni brillos reflectantes. Todo eso son prejuicios, pero qué necesarios son los prejuicios, porque anteceden a los juicios. Y aquí están los nuestros. 

El día que llegó el Face Oil for Glowing Radiance de lla a nuestras vidas fue como cuando llegó el esmalte Rouge Noir de Chanel o el Touch Eclat. Marcó un antes y un después. Lo reconocemos: éramos unas descreídas. Lo probamos y surgió el amor. Lo contamos, lo compartimos y el fenómeno se extendió. No sabíamos explicar qué ocurría pero ese aceite tenía algo: era adictivo, necesitábamos olerlo, la piel le aplaudió desde el primer día. Lo decíamos nosotras, ellos, todas las autoridades que le han dado más premios que a Meryl Streep

Esa botellita blanca es una pócima mágica y una de esas cosas que no deberíamos contar para hacernos las misteriosas. Pero las contamos porque estamos realizando un servicio social. Es hora de pasar del cremapolio al oleopolio. Sí a los aceites para el rostro. Sí a este de Ila, por supuesto, pero sí a cualquiera que sea bueno. Un gran y nutritivo, revitalizador, luminoso y regenerante sí.