Gente Laconicum: David Moralejo. 01/10/2013

David se define mucho mejor de lo que lo haríamos nosotros. Escribe y vive. Vive y escribe. Y nosotros somos testigos felices de ello. Por eso está aquí.

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¿Quién soy en dos líneas?

Como digo en Twitter, sólo soy un aspirante a bon vivant… y mientras llego, escribo. Estudié Periodismo porque algo había que hacer y en la actualidad cuento cosas en la revista Glamour, en mis relatos, en las redes sociales y en casa de vez en cuando. También doy clases de Escritura Creativa en Yoquieroescribir.com

El rincón favorito de mi casa es…

El inesperado: esa silla en la que de repente me siento a leer y olvido lo incómoda que es ante la emoción de un gran libro. Esa planta que un día parece mustia y al siguiente pinta amazónica. Esas sábanas blancas recién planchadas, la cama impoluta. Ese baño ordenado, con todos los botes dispuestos como si fueran soldaditos de un juego de guerra.

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Mi hábito imprescindible de belleza.

Imprescindible no, pero necesario sí: el baño caliente en las tardes de invierno, antes de acostarme, igual que cuando era pequeño. Me encanta. Como norma, no salgo de casa sin haberme dado la loción Super Shape de Baxter of California, con SPF 15. Mi básico clásico e infalible. Es la mejor crema masculina que conozco y encima dura un montón.

¿Qué objeto sobrevive a tus mudanzas?

Mis tazas. Todas tienen su historia y con ellas me siento en casa esté donde esté. Y sí, son las tazas con las que siempre recibo a mis amigos. Los juegos de porcelana cara los reservo para las visitas incómodas.

¿Cuál es el momento con el que sueñas toda la semana?

El de cenar corriendo para ver una película en la cama. A veces no aguanto despierto ni los primeros cinco minutos, pero cuando no paras un minuto casi nunca… vives este momento como algo bastante parecido a la felicidad. 

Algunas imágenes del universo Moralejo

 El café. Siempre en cafetera italiana y siempre con Elvis. El álbum How Great Thou Art es uno de mis favoritos. Pura mística mañanera.


Escaleras sin fin. Aparecieron ahí como el recuerdo de lo que fue la vieja posada de mis bisabuelos. No llevan a ningún sitio, sólo te acercan un poco más al cielo.

El libro. Un día, una chica me mandó esta foto a través de Twitter. Era mi primera novela y estaba comenzando el capítulo 3. Me encantó que compartiera ese momento conmigo.