Un día en la vida de la bolsa Laconicum 10/11/2014

Hola, soy la Bolsa Laconicum. Mis días están llenos de emociones. Este es uno de ellos. 
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7 a.m. He dormido bien en el tercer cajón del mueble de la cocina, donde tengo mi cuartel general. Pero hoy detecto agitación. Me han sacado, desdoblado y metido unas zapatillas de deporte dentro. Ahora estoy en una maleta que, como siempre, ha costado cerrar. Esto huele a viaje. 

9 a.m. Un respiro. Han abierto la maleta en el control de seguridad del aeropuerto para sacar los dichoso líquidos. He podido tomar aire. De paso, me he lucido. Soy la bolsa más cuca de toda la T4. 

1 p.m. Esta ciudad me suena. Este acento me suena. Estoy en Paris. De nuevo, corriendo (todo es siempre corriendo) me vacían y me vuelven a doblar. Esta vez para meterme dentro del bolso. De ese bolso que siempre se lleva mi dueña y señora cuando va a Paris. 

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5 p.m. Por fin, se ha apiadado de mí y me ha sacado. La excusa han sido unas revistas (siempre cae The Grand Life y Vogue Paris) y galletas. Ahora me lleva fuera del bolso y puedo mirar a los parisinos y parisinas, que tanto me gustan con sus foulards bien atados y sus pelos despeinados. Vaya, creo que me ha rozado Chiara Mastroianni. Ojalá no me laven.

8 p.m. Ahora estoy colgada en la silla de un restaurante. Aquí, mi ama y sin embargo amiga, está comiendo una sopa de cebolla. A mí me han llenado mucho, pero no pienso romperme. 

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10 p.m. Volvemos al hotel, nuestra casa efímera parisina. Estoy agotada. Hoy duermo colgada de un radiador calentita y feliz. Mañana será otro día.



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